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POMPEO
La vida cotidiana en Venezuela, lejos de una crisis humanitaria

Luis Hernández Navarro, enviado de La Jornada 

Sábado 9 de febrero de 2019. Caracas. Otra vez, la supuesta crisis humanitaria en Venezuela está en el centro del conflicto político. El día de ayer, desde un lado del cuadrilátero, Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Legislativa, mostró de qué lado masca la iguana y deslizó la posibilidad de una incursión militar en Venezuela, con el pretexto de brindar ayuda humanitaria. Y desde el otro, el presidente Nicolás Maduro denunció esa asistencia como un show para justificar una intervención extranjera en su país.

Entrevistado por la agencia Afp, Guaidó, quien con el auspicio de Washington se autoproclamó presidente encargado en un mitin, no descartó autorizar una intervención militar de Estados Unidos o una fuerza extranjera en Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro.

Guaidó justificó la invasión con el argumento de que hará todo lo que sea necesario, todo lo que tengamos que hacer para salvar vidas humanas, para que no sigan muriendo niños o pacientes por falta de medicinas.

El conferencia de prensa, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, advirtió que su gobierno “no va a permitir el show de la ayuda humanitaria falsa, porque no somos mendigos de nadie” y emplazó a la comunidad internacional a desbloquear los casi 10 mil millones de dólares que fueron secuestrados al gobierno constitucional.

Afirmó que en Venezuela no existe ninguna crisis humanitaria y que ésta es fabricada desde Estados Unidos para justificar la invasión. Si quieren ayudar a Venezuela, liberen el dinero que nos tienen bloqueado. Es un juego macabro, reclamó.

“Les apretamos por el cuello y les hacemos pedir migajas, perdón. Les robamos el dinero y después les ofrecemos papel toilet, como le lanzó Donald Trump al pueblo de Puerto Rico.”

Añadió que, en caso de que Estados Unidos envíe soldados a la frontera colombiana, no caerá en provocaciones. “Ante la provocación, calma y cordura (…) Si vienen tropas estadounidenses a Colombia, que se queden en Colombia”, dijo. Pero –alertó– hay que cuidar a las mujeres y niñas colombianas de las violaciones de los soldados estadunidenses. 

El país no es una Somalia latinoamericana

En las calles y en las casas de Caracas la vida sigue su curso. Al despuntar el alba, las autovías se congestionan con los vehículos de quienes se dirigen al trabajo. Sorteando automóviles, innumerables motociclistas avanzan imparables rumbo a su destino. En las horas pico, el Metro se atiborra de pasajeros.

En las calles del centro se ponen mercados sobre ruedas o tianguis a vender alimentos. En miles de escuelas públicas los niños reciben sus desayunos gratuitamente. Decenas de areperías y expendios de comida rápida, incluido McDonald’s, tienen sus puertas abiertas. Los elegantes restaurantes del barrio de Las Mercedes están llenos de comensales, que estacionan sus autos de lujo en las calles aledañas. Las plazas comerciales en áreas ricas en la zona este siguen siendo lugares de consumo, reunión y esparcimiento de las familias acomodadas.

Cada mes, por conducto de los más de 32 mil comités locales de abastecimiento y producción (CLAP), se distribuyen toneladas de alimentos a los sectores populares a precios subsidiados. Su entrega no está condicionada a ninguna afiliación política. Los comités son una forma de organización popular que, junto al Ministerio de Alimentación, se encarga de entregar productos de primera necesidad casa por casa. Las familias tienen acceso por esta vía a arroz, lentejas, frijoles, aceite, atún, harina de maíz, azúcar y leche. Cerca de 11 mil CLAP reparten comida y artículos de higiene personal.

Esa realidad, no tiene nada que ver con la imagen de Venezuela como una Somalia latinoamericana o una réplica de Haití que los opositores al gobierno de Nicolás Maduro quieren difundir.

¿Hay crisis humanitaria en Venezuela como dice la oposición? No, ni remotamente la hay. Una crisis humanitaria es una situación de emergencia en que se ven amenazadas la vida, salud, seguridad o bienestar de una comunidad o grupo de personas en un país o región. Y en Venezuela la vida sigue su curso.

No hay nada que justifique lo quieren hacer la administración de Donald Trump y Juan Guiadó, una intervención humanitaria de otras naciones.

Pero que no haya crisis humanitaria no quiere decir que no existan problemas. Por supuesto que los hay. La hiperinflación devora los ingresos. Los precios están desfasados de los salarios. Hay dificultad en encontrar dinero en efectivo. Escasean medicinas. Hay desabasto de productos de higiene personal. Pero, simultáneamente, hay una red de protección social que amortigua en parte estas carencias.

Venezuela ha sido, desde hace décadas, un país petrolizado. La caída de los precios del oro negro desde 2014 ha sido veneno para sus finanzas. Y la guerra económica y el bloqueo han agravado la situación. El ataque contra la moneda local no cesa. Se han congelado e incautado activos financieros y cuentas de Venezuela en el sistema financiero estadunidense. Se han bloqueado las cuentas de la petrolera venezolana PDVSA.

La ofensiva económica comenzó a agravarse en marzo de 2015, cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, firmó un decreto ejecutivo que colocó a Venezuela como amenaza inusual y extraordinaria. Desde entonces la administración de Donald Trump no ha hecho más que endurecer las sanciones. 

Pobreza, la de antes de Hugo Chávez

Para los millones de pobres que padecieron hambre, escasez y persecución antes del triunfo de Hugo Chávez, decir que hoy se vive una crisis humanitaria es, por lo menos, absurdo. En perspectiva, las dificultades que hoy viven, son apenas nada en comparación con la precariedad que vivieron hasta 1998.

Juan Contreras, integrante de la Coordinadora Simón Bolívar y poblador del barrio 23 de Enero, una emblemática urbanización popular al oeste de Caracas, en la que viven más de 77 mil personas, pone las cosas en su lugar.

“Para nosotros los pata de abajo –dice para La Jornada– hay que poner un punto de comparación. Durante más de 40 años, entre el 58 y el 98, habían 2 centros de salud en el 23 de Enero. Hoy, después de más de 20 años de proceso bolivariano, entre 98 y 2019, hay 35 ambulatorios nuevos, más los dos que estaban, además de tres centros de rehabilitación integral. Hoy, en cada rincón del país hay un ambulatorio.

“Así con la educación. Las escuelas que eran media mañana o media tarde, hoy están como escuelas de turno completo. Hay educación integral. Hay desayunos y almuerzos para los niños. En estos 20 años hay 42 nuevas universidades en el país.

“Ahí está la muestra de cómo ha ido cambiando para la gente. Antes, por hacer un mural o por pensar diferente, te perseguían en el barrio, te allanaban la casa, te torturaban. Hoy no se persigue a nadie ni se tortura a nadie en el barrio por pensar diferente.

“Así, poco a poco ha ido cambiando el 23 de Enero. Educación, salud, vivienda, educación, trabajo y recreación. Lo que necesita cualquier ser humano en cualquier parte del mundo para vivir bien. Muchos de nuestros muchachos tienen asegurado un trabajo. La vida en el barrio ha cambiado de la persecución que vivíamos en el pasado a como hoy: libremente se practica el deporte, se crean grupos culturales, se organiza, se participa. Tenemos cuatro radios comunitarias. Nuestra calidad de vida se ha elevado en estos 20 años.

“El servicio de agua es permanente. Antes había pelea, lucha. Hoy sigue habiendo mucha dificultad, pero no se mata ni se reprime a nadie cuando protesta por el agua.

Los que no teníamos rostro hemos insurgido. A todo esto le tienen miedo los gringos. Vienen por nuestras reservas energéticas. Hemos vivido aquí, a veces con molestia, a veces con dudas, pero tenemos dignidad y vamos a seguir adelante con nuestra revolución bolivariana.

 

 

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Jorge Zepeda Patterson:

¿Que hay detrás de la rapiña?

No es casual que las tragedias se desaten en lugares impronunciables o inéditos para el resto de los citadinos. Ayotzinapa, Tlatlaya o ahora Tlahuelilpan terminan por convertirse en nombres familiares por las razones más siniestras, a golpe de muertos. Y tampoco es casual que sean nombres indígenas; los desastres suelen presentarse allá donde el hambre es mayor, donde los poderes reinantes son más salvajes y la vida de los personas es más vulnerable ante las fuerzas naturales o de las otras que los vapulean. Así como las grandes epidemias, las hambrunas o los genocidios tienen lugar en los sótanos del planeta, en las zonas atrasadas de África o de Medio Oriente, en nuestro país se ceba sobre nuestro tercer mundo local.

Alrededor de setenta muertos y contando es el saldo que ha dejado la explosión en Tlahuelilpan (y sí, apréndase este nombre porque desde ahora formará parte, junto huachicol o Ayotzinapa, del léxico rojo con el que intentamos nombrar lo innombrable).

Las tragedias suelen atribuirse a muchos padres, dependiendo del lugar en donde estemos parados. Algunos aprovecharán el dolor y la indignación para cargarlo a la factura política de López Obrador, insistiendo en que esto no se habría presentado si el Gobierno hubiera encarado de otra manera la batalla contra las mafias que trafican con el hidrocarburo. Otros apuntarán el dedo flamígero contra el Ejército por no haber impedido que la gente convirtiera en una romería la fuga de gasolina. Otros responsabilizarán, en primera instancia, a la propia población que mire por donde se mire estaba cometiendo un acto de rapiña en contra de las órdenes de la autoridad. Y algún exigente, incluso, podrá argumentar que tampoco esto se habría presentado si los gobernadores de la región Centro Occidente no hubieran exigido tan categóricamente la reactivación de los ductos, a pesar de que el Gobierno federal no había terminado el operativo de revisión de fugas y blindaje de seguridad.

Todos estos no son más que seudoargumentos. No nos engañemos, el responsable es el crimen organizado y la guerra que ha desatado aparentemente en contra del Gobierno federal, pero en realidad en contra de la sociedad en su conjunto. Los huachicoleros no sólo sabotean los ductos para provocar desabasto en las ciudades y desencadenar la indignación de los habitantes en contra de la campaña que el Gobierno ha puesto en marcha; además usan a la población literalmente como carne de cañón para encarecer los saldos de esta guerra.

Lo de Tlahuelilpan es un ejemplo típico de esta estrategia. Una perforación con la consiguiente fuga y una convocatoria a la población para que acuda a la rapiña. Un crimen tan astuto como cobarde. Buscar ahora otros responsables no hace sino seguirle el juego a este perverso montaje.

El crimen organizado es resultado de la impunidad que se ha instalado en la vida pública en México; la ausencia de Estado de Derecho y la corrupción de las policías han prohijado el surgimiento de poderosos sindicatos dedicados a la delincuencia. Pero en el huachicoleo existe un factor adicional: la extendida cultura de rapiña entre la población.

No sólo me refiero al hecho de que acudan a recolectar combustible en una fuga para apropiarse de un bien público o el saqueo y descarrilamiento cada vez más frecuente de vagones de trenes con cereales, camiones con vacas o televisores de una tienda de cristales rotos. Robos en los que participan comunidades completas y recuerdan las escenas que sólo habían sido vistas en películas apocalípticas o en emergencias límite provocadas por un desastre natural. Por lo general tales escenas, en las películas de ficción, sobrevienen cuando el orden social se colapsa y las instituciones del Estado dejan de operar, trátese de una invasión de zombis, de alienígenas o un sismo catastrófico.

Por desgracia en México la rapiña comunitaria, por así decirlo, es una imagen cada vez más frecuente en los noticieros y en las redes sociales. Podríamos pensar que es el reflejo de un colapso en las instituciones, pero por desgracia va mucho más allá de eso. La gente roba los bienes públicos (y los privados cuando puede hacerlo impunemente) no solo porque no hay un orden legítimo que se los impida, sino porque asume que los de arriba, los ricos, los políticos, los empresarios, hacen lo mismo. El hombre que llena su bidón de los charcos que rodean a una fuga asume que tiene tanto o más derecho que el funcionario de Pemex que los escamotea a gran escala o que el empresario gasolinero que vende litros recortados.

¿Cómo desandar la costumbre de esta rapiña generalizada? No será fácil. Pero si existe un camino ese comienza por arriba y en eso coincido con López Obrador. Los recursos públicos son de todos y los funcionarios son los primeros que tendrían que cuidarlos. Puede resultar ridículo ver al Presidente hacer cola en un avión de línea para hacer sus giras pero ese, como muchas otros similares, es un acto de un profundo simbolismo para cambiar el descompuesto sistema de valores en el que chapotea la vida pública en México.

(Tomado de SinEmbargo)

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Salgo al pequeño corredor a escuchar el estallido de los cohetes y a mirar las luces coloridas que ascienden desde los techos, tímidas y sin pretensiones, al cielo bajo de diciembre. Olivia duerme desde hace una hora tal vez soñando con su bullanguera familia en Salamanca. Termina otro año.

La intensidad divergente de los estallidos en un sitio y otro dotan al sonido de incierto ritmo, uno que imagino supusiera ser frenético o festivo, y que solo parece desgarbado. La cohetería familiar no compite con la cohetería oficial con que los alcaldes, en otros días, festejan.

La noche es ligeramente fresca. Hace años que los inviernos vienen desvaneciéndose en nuestra zona tal y como los otoños han terminado por desaparecer. De pie, contemplando aquí y allá las luces de bellos colores que intentan en vano quebrar la noche, no siento ninguna emoción. Ni nostalgia ni alegría ni tristeza.

Pero no me sorprende tal ajenidad. Estar de pie en esa extraña tierra de nadie como estoy esta noche, de pie en el corredor del departamento que arrendamos, siempre fue para mi una cosa común. Tal vez por eso todo me aburrió pronto. Y sin embargo, qué extraño, me he divertido.

Termina otro año. Cuando niño, mi tío Mayo llegaba a casa de la abuela Emilia cargando una gran bolsa repleta de cohetes y luces de bengala para nosotros, sus sobrinos. Mi abuela, su madre, lo regañaba por la inutilidad del gasto y el riesgo al que nos exponía. Temprano la noche del día último, yo arribaba a a la esquina con las bolsas repletas de cohetes para envidia de los otros muchachos. Mi madre, desde el corredor de la casa de los abuelos, se quedaba con el corazón en la boca: No te los lleves todos en las bolsas, suplicaba inútilmente.

Poco tiempo, par de años después, mi primo Luis Alva Esquivel, sorprendió al barrio comprando cohetería adulta, se hizo soldar una base a un tubo y con él lanzaba a la última noche del año tremendos cohetones de estallido y luces. Sólo fue un año su soberanía que alborozadas, entre nubes de pólvora, festejaron sus hermanas Berta, Elena, Rosa y Lupe; que nosotros, niños, admiramos desde la banqueta opuesta. Al año siguiente, Simón, el hermano mayor de Gile, entró en competencia con armamento de igual calibre en la casa de enfrente. Varios años duró aquella disputa de quien quemaba más y más atronadores o vistosos cohetones. ¿Cuánto dinero gastarían? Miles: ambos eran obreros de los años postreros de la ‘compañía de luz y fuerza ‘. Los cohetes que nos compraba mi tío Mayo cayeron, para nosotros, en desgracia, y a Mayo nunca le tentó entrar en aquella guerra de fin de año como nosotros sus sobrinos hubiéramos deseado. Chin.

(La vida pasa. Y pasa. El primo Luis se casó con una muchacha muy guapa y risueña llamada Angélica y después murió, aún joven, por una tuberculosis en la garganta -esto nunca lo entendí-. Simón casó también, luego dio el chaquetazo: abandonó la ‘tendencia democrática’ de Galván y se alineó al sindicato de Pérez Ríos. Y en estos años de violencia terrible un hijo suyo fue asesinado).

Pero en nada de esto pienso mientras permanezco en el corredor escuchando el estallido de los cohetes de fin de año y miro su desangrarse en luces efímeras. Pienso en el hecho de estar aquí sin estar. Estando lejos. ¿En dónde nació tal lejanía?

En algún momento de los sesenta vimos amanecer el primer día del año frente al mar. Ebrios, sí. (En beneficio nuestro debo decir que casi nunca llegamos a una ebriedad descontrolada; siempre preferimos guardar cierta consciencia. Tal vez porque éramos muy jóvenes y temíamos a nuestros padres, tal vez, y más seguro, porque nos espantaba el ridículo. Cuando hablo en el plural de entonces, me refiero a Gile, René, Manuel y yo). ¿Que arrastraba el mar en sus olas aquella mañana grisácea? Para nosotros, nada, ni siquiera los deshechos mortales de las plantas de Altamira que después -y hasta hoy- han envenenado las aguas del golfo de México. Luego esperamos tesoros en vano; después comenzaron a llegar recuerdos con sargazos a la orilla. Levantamos algunos, los limpiamos, los llevamos a casa.

Pero cuando tienes setenta años los recuerdos que han ido devaluándose son inútiles. O mejor: han perdido representación de cosas alguna vez vívidas. Nada puedes adquirir con ellos. Ni consuelo ni alegría ni dolor.

Veo a mi padre echado en la cama de su ancianidad, encorvado, ya sin pelo, la espalda perlada de sudor: es verano. Mantiene los ojos cerrados fingiendo que duerme. Pienso que recuerda los amores que tuvo, las noches de gozo -mi padre fue un tanto mujeriego- y se me ocurre, que al recordar todo eso, aquella pérdida, debería ponerse a llorar inconsolable.

Era estúpido: yo, claro. Tuve que tener setenta años para darme cuenta que los recuerdos se deslavan. El mar solo trae fragmentos irreconocibles mezclados con ruinas de memorias ajenas. A los setenta años nadie sufre por lo que fue, por lo que pudo haber sido. Los recuerdos son fotos que se mantienen, desgastadas o incólumes, ahora para siempre ignoradas, entre páginas. Alguien las verá algún día sin comprenderlas y sin remordimiento las destinará a la basura.

Pero lo que me parece curioso, aquí, mirando como termina un año con un festejo que se prolonga desde mi infancia, cuyo origen desconozco y ya me parece un tanto zafio, es que los recuerdo más longevos no son los, personalmente, más alegres ni los más tristes sino aquellos que son compartidos por más personas. Ese recuerdo va a sobrevivirme y va a sobrevivir a las dos próximas generaciones, una que ya está actuante y otra apenas infante. Porque ese es el destino del 2018 y del triunfo de López Obrador.

En el ya largo período de mi vida, desde 1946 hasta esta madrugada de enero de 2019, parte de tres generaciones de mexicanos fueron torturados, encarcelados, asesinados, desparecidos, a veces familias enteras fueron extinguidas, por el poder en México. Decir poder significa decir no sólo gobierno sino sus aliados y beneficiarios, los grandes capitalistas de la nación.

¿Cómo saber cómo sería el triunfo -así fuera parcial- que aquellos soñaron? ¿Cuántos trechos de futuro imaginaron que faltaban para ese año y aún así otorgaron sus vidas? Eso no lo sabemos o lo sabemos en parte por los textos que escribieron; pero ellos no sabrán nunca que en 2018 millones de mexicanos sacaron valor de su tristeza y desesperación para apostarle al futuro. Señores de esa mitad del siglo xx donde yacieron desangrándose en lo oscuro por un país mejor, este 2018 que esta noche culmina, han sido honrados con el más profundo de los homenajes.

Y mientras el estallido de los cohetes se vuelve más aislado, más lejano; mientras el nuevo año se adentra en el misterio de sí y el olor a pólvora va al suelo arrastrado por la humedad reinante, sonrío al pensar que a pesar de todo lo que haya hecho, lo que haya logrado, lo que hubiera perdido, lo que consiguiera recuperar, a pesar de la juventud y la adultez, los libros y los olvidos, las mujeres y el dolor de huesos, 2018 ha sido el mejor año de mi vida, sobre todo, porque millones de mexicanos en este instante así lo compartimos.

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Bruce E. Levine:

Noam Chomsky cumple 90 años: cómo un anarquista estadounidense ha logrado mucho más que sobrevivir

 

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 “Aquel que reivindica el carácter legítimo de la autoridad tiene además la obligación de justificarla. Y si no puede justificarla, es ilegítima y debería desmantelarla. A decir verdad, creo que el anarquismo no es mucho más que esto”

Noam Chomsky

El 7 de diciembre de 2018 Noam Chomsky cumplió 90 años. En un ranking elaborado en 2013 por el Reader’s Digest sobre “Las 100 personas más fiables [trusted] de América” (liderado por las celebrities de Hollywood), Noam Chomsky, que se describe a sí mismo como anarquista, ocupaba el puesto número 20 (por detrás de Michelle Obama, en el 19, pero por delante de Jimmy Carter, que ocupaba el 24). Teniendo en cuenta que, a lo largo de la historia de los EE.UU., los activistas anti-autoritarios han sido continuamente marginados, económicamente castigados, psicopatologizados, criminalizados y asesinados, la supervivencia y el éxito de Chomsky son algo extraordinario. 

A principios de los años 1960, cuando pocos americanos criticaban al gobierno estadounidense por la guerra de Vietnam, Chomsky fue de los primeros en desafiarlo y oponer resistencia, arriesgándose a pasar un tiempo en la cárcel y a poner en peligro su carrera académica en el ámbito de la lingüística, en la cual había ganado cierto prestigio por sus innovadoras contribuciones. Desde la posición que ocupa, Chomsky ha desafiado durante medio siglo toda autoridad ilegítima, incluido el gobierno de los EE.UU. y aquellos regímenes opresivos alrededor del mundo. Ha expresado un desprecio constante por las élites en el poder, por sus atrocidades y por su capacidad de subvertir la autonomía de la clase trabajadora.

Al mismo tiempo que aborrece cualquier culto a las figuras heroicas —especialmente a sí mismo—, Chomsky pone en valor todo lo que se puede aprender de nuestras experiencias personales y vitales. Asumiendo este espíritu, repasar la vida de Chomsky quizás ofrezca una guía de supervivencia para aquellos anti-autoritarios que quieran comprender mejor el mundo en el que viven.

Chomsky sabe perfectamente que la suerte ha sido un factor principal en su victoria contra las adversidades, pero ni siquiera esto es suficiente para explicar que un anarquista estadounidense sobreviva y acabe teniendo un impacto tan profundo. Chomsky también cuenta con una inteligencia extraordinaria, una racionalidad de tipo spinoziana y, desde luego, un saber y una capacidad de supervivencia enormes.   

Investigando las vidas, tan trágicas como triunfantes, de los activistas anti-autoritarios de EE.UU. en Resisting Illegitimate Authority, me di cuenta de que, aquellos que prosperaron, contaron, además de con buena suerte, con un conocimiento sobre el cuidado de sí, además de sobre sus relaciones personales y económicas. Por el contrario, aquellos cuyas vidas fueron más trágicas acompañaron a menudo los asaltos autoritarios que sufrieron con otros de tendencia autodestructiva.

Chomsky describe a sus padres como unos “Demócratas pro-Roosevelt corrientes”, si bien otros miembros de su familia eran izquierdistas radicales. En su infancia, Noam comenzó —afortunadamente— a estudiar en Oak Lane, una escuela experimental Deweyita[1] donde se animaba a los alumnos a pensar por sí mismos y donde la creatividad era más importante que las calificaciones. Según Chomsky, si bien todas las escuelas podrían ser como Oak Lane, de hecho no ocurre porque ninguna sociedad “basada en instituciones jerárquicas y autoritarias toleraría un sistema escolar de este tipo durante mucho tiempo”.

En Oak Lane, cuando tenía diez años, Noam publicó un artículo en el periódico escolar sobre la toma de Barcelona por las fuerzas fascistas durante la Guerra Civil española, un episodio que le influyó a lo largo de toda su vida. Más tarde leerá Homenaje a Cataluña, el relato de George Orwell sobre la Guerra Civil española y las exitosas, aunque breves, experiencias sociales anarquistas en España. Su temprana comprensión de que la gente puede alzarse contra los sistemas opresivos y organizarse en cooperativas se convirtió en la base de su confianza en el anarquismo como una posibilidad real.

Con doce años, Noam entró en el Instituto Central de Secundaria de Filadelfia, una escuela socialmente prestigiosa pero que odiaba: “Fue el lugar más estúpido y ridículo en el que he estado; era como caer en un agujero negro o algo parecido. Era, sobre todo, un lugar extremadamente competitivo. Esta es la mejor forma de controlar a la gente”. Permaneció en la escuela, pero perdió su interés en ella.

Al igual que otros tantos jóvenes inteligentes anti-autoritarios, el joven Noam detestaba los estándares escolares. A pesar de ello, tenía la inteligencia suficiente para no equiparar lo escolar con lo educativo, y durante su adolescencia compaginó sus obligaciones escolares con el aprendizaje autodidacta. Con 13 años Noam viajaba regularmente sólo en tren para visitar a sus familiares en Nueva York. Allí pasaba muchas horas con un tío que regentaba un quiosco de prensa en Manhattan, en la calle 72, un animadísimo “salón político y literario” donde el Chomsky adolescente entró en contacto con la política radical y la cultura de la clase trabajadora judía.

Con 16 años, Chomsky empieza sus estudios de licenciatura en la Universidad de Pensilvania, pero, como otros tantos estudiantes anti-autoritarios, pronto comienza a desanimarse. Así lo recuerda: “cuando eché un vistazo a la oferta universitaria estaba muy animado: muchos cursos, cosas interesantes. Luego me di cuenta de que la universidad era como una ampliación descuidada de la escuela secundaria. Después de un año pensé en dejarla, pero casi por accidente decidí quedarme”. Afortunadamente conoció a Zellig Harris, un carismático profesor de lingüística que hizo que Noam permaneciera en la academia y, en último término, se convirtiera en un lingüista de renombre.

En realidad, los primeros intereses de Chomsky eran políticos y no lingüísticos. “Desde la infancia siempre me había interesado la política radical y disidente, pero sólo en un sentido intelectual”, recuerda. Pero estar involucrado intelectualmente no era suficiente. “Soy un ermitaño por naturaleza —nos dice Chomsky— y habría preferido estar sólo trabajando que expuesto públicamente”.

En términos psicológicos, llama la atención que el carácter introvertido de Chomsky no le haya impedido comprometerse activamente con el mundo que le rodea. Me he dado cuenta de que una clave fundamental para entender a algunos de estos anti-autoritarios que raramente acaban triunfando es su voluntad de trascender su zona de confort más privada. 

Con 30 años Chomsky era ya un lingüista muy estimado, y a principios de los años 60 fue uno de los primeros intelectuales en condenar públicamente la Guerra de Vietnam. Cuando el rechazo a la guerra estaba en cierto modo generalizado en los Estados Unidos, Chomsky recuerda modestamente: “Sabía que era excesivamente indulgente conmigo mismo si me limitaba a tener un rol pasivo en las luchas que estaban teniendo lugar. Y sabía que firmar peticiones, enviar dinero y asistir a reuniones era insuficiente. Pensé que era absolutamente necesario tener un rol más activo, y era perfectamente consciente de lo que esto significaba”. Durante diez años Chomsky se negó a pagar parte de sus impuestos, apoyó a los desertores, fue arrestado varias veces y fue incluido en la lista de enemigos oficiales de Richard Nixon.

Dada las posibles consecuencias de su posición política, Noam y su mujer Carol (estuvieron casados desde 1949 hasta la muerte de ella, en 2008) acordaron que era prudente que Carol volviera a los estudios y se doctorara para poder apoyar económicamente a la familia si él entraba en prisión. Más tarde Noam se refirió a ello: “De hecho, esto es lo que habría ocurrido si no fuera por dos acontecimientos inesperados: 1) la absoluta (y, por otro lado, habitual) incompetencia de los servicios de inteligencia…[y] 2) la Ofensiva del Tet, que hizo ver a la economía americana que el juego en el que estaban participando no valía la pena e hizo que los procesos de enjuiciamiento fueran desapareciendo”. Finalmente, Carol Chomsky obtuvo una plaza en la Harvard’s School of Education y también logró una carrera académica de éxito. Y así, con suerte y decisiones sabias, la familia Chomsky obtuvo dos fuentes de ingresos más que notables y seguridad financiera.

Chomsky también ha tenido la inteligencia de no caer en cierta tendencia autodestructiva presente en aquellos activistas anti-autoritarios que niegan toda su humanidad. Este tipo de inteligencia y buen hacer es algo psicológicamente valioso para los jóvenes anti-autoritarios: “Mira, no vas a ser un activista político efectivo a menos que tengas una vida satisfactoria”, dice Chomsky al público. “Ninguno de nosotros somos santos; al menos yo no lo soy. No he renunciado a mi casa, no he renunciado a mi coche, no vivo en una cabaña, no estoy 24 horas al día trabajando en beneficio del género humano o algo por el estilo. De hecho, ni siquiera me acerco a esto”. En un Perfil del New Yorker del 2003 sobre Chomsky, éste cita a uno de sus amigos: “Le gusta estar al aire libre en verano, le gusta nadar en el lago, ir a navegar y comer comida basura”.

Chomsky encarna la figura de un activista que no niega ni se autoflagela por las inevitables hipocresías financieras en una sociedad que exige tener dinero para sobrevivir. Cuando fue contratado por el Massachusetts Institute of Technology, Chomsky fue honesto con respecto al hecho de que, aunque el Departamento de Defensa del gobierno americano no lo financiaba a él directamente sino a otros departamentos del MIT, en el fondo esta financiación indirecta permitía al MIT pagarle un sueldo. “Con respecto a cuestiones o conflictos morales —destacó Chomsky— no se trata de pensar que hay dinero limpio en algún lado. Si estás en una universidad, estás rodeado siempre de dinero sucio; estás rodeado de dinero que viene de gente que trabaja en otros lugares y cuyo dinero se les está quitando”

Muchos anti-autoritarios acumulan grandes dosis de ira. Esta ira es el resultado de injusticias sociales y el efecto de una oposición política que ha sido ignorada; es el resultado de los ataques autoritarios que han sufrido; de haber presenciado la marginalización de otros amigos anti-autoritarios; también del resentimiento que produce ser constantemente vigilado. La manera en que los anti-autoritarios gestionan esta ira es fundamental para determinar su tragedia o su éxito. Si bien uno puede percibir la ira de Chomsky en su punzante sarcasmo, para la mayoría esta ira no le ha saboteado. Y si bien todos los anti-autoritarios han sufrido los efectos de la autoridad ilegítima, Chomsky no ha permitido que este dolor se traduzca en reacciones violentas o autodestructivas que faciliten a los autoritarios una justificación para continuar su opresión.

Con su sabiduría y algo de suerte, Chomsky ha logrado mucho más que sobrevivir, convirtiéndose en uno de los anarquistas más influyentes de la historia de los Estados Unidos y en un modelo inspirador para millones de activistas anti-autoritarios, especialmente para los jóvenes. Se ha hecho a sí mismo apostando por el pensamiento crítico y la verdad (y no por consignas manidas ni distinciones oficiales). Si bien las intervenciones teóricas de Noam Chomsky han supuesto un foco de resistencia valioso contra la sociedad autoritaria, es quizás el ejemplo de su incorruptibilidad personal el legado más valioso que nos deja, sobre todo para los jóvenes anti-autoritarios.

[1] Las escuelas Deweyitas se inspiraban en la filosofía de la educación de John Dewey (sobre todo a raíz de su artículo “Mi credo pedagógico”, publicado en 1897)

Tomado de SINPERMISO

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El rescate de Pemex fracasará si AMLO no derroca la estructura corrupta de Deschamps: Meyer

 

Por Shaila Rosagel

Ciudad de México, 27 de diciembre (SinEmbargo).– Carlos Romero Deschamps, dirigente nacional del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), no tiene nada que hacer al frente de los sindicalizados y debe ser removido para evitar que la Presidencia de la República fracase en uno de sus principales proyectos: rescatar a un Petróleos Mexicanos (Pemex) moribundo, dijo Lorenzo Meyer Cossío, politólogo, historiador e investigador de El Colegio de México (Colmex).

“Se le tiene que quitar el poder que posee y desmantelar la estructura corrupta del sindicato (…). En esta ocasión, además de modificar ese liderazgo corrupto, hay que tener una visión distinta sobre Pemex: es revivir un muerto, a un moribundo, y Romero Deschamps no tiene nada que hacer ahí”, expuso Lorenzo Meyer en una entrevista con SinEmbargo.

El historiador consideró que durante la conferencia matutina de este jueves en la que se presentó el plan para combatir el robo de combustible– el cual de acuerdo con el nuevo Gobierno se da en su mayor parte desde el interior de Pemex– Andrés Manuel López Obrador, Presidente de la República, le declaró la guerra al dirigente petrolero.

López Obrador aclaró que personalmente no ha tenido contacto con Romero Deschamps, pero que Olga Sánchez Cordero, titular de la Secretaría de Gobernación (Segob), habló con él y le dijo: “no vamos a tolerar a nadie, fuese de alto nivel o trabajador sindicalizado”.

“Es una declaración de guerra, que ya estaban todos los elementos en el tablero, es nada más concretar en un discurso lo que ya estaba haciendo en la práctica. Pero es parte central del proyecto de Andrés Manuel: si fracasa en Pemex, fracasa en una parte central de su proyecto. Yo diría que no puede fracasar, es mucho lo que está en juego y vamos a ver. Romero Deschamps y el sindicato pueden defenderse como se defendieron en el pasado: saboteando, y tienen un control histórico sobre las plantas, sobre la industria, pero la Presidencia de México es fuerte y los sindicalistas no tienen a la opinión pública de su lado. Si hay un sindicato que tiene mala fama es el de Pemex”, argumentó Meyer.

Esta mañana, López Obrador anunció que fuerzas conjuntas del Gobierno federal mexicano intervinieron el sistema de monitoreo de Pemex para detener el robo de combustible y que hay tres funcionarios directamente involucrados que ya están bajo proceso penal.

El Presidente aseguró se trata de un “gran robo a la Nación” y que “los ex directores de Pemex sabían del robo. Hay información de que en algunas áreas no podía entrar Pemex, la autoridad. Eran áreas reservadas, o estaban conducidas o administradas por trabajadores sindicalizados. Eso ya se resolvió. Se les informó que Pemex y el Gobierno federal iban a cuidar instalaciones estratégicas”, dijo López Obrador a pregunta expresa de este diario digital sobre si el sindicato de Carlos Romero Deschamps participaba o participa en el robo.

Y anunció que fuerzas de la Marina, del Ejército, de la nueva administración de Pemex y de la Procuraduría General de la República (PGR) participan en el operativo para frenar el robo. Otras dependencias también toman parte de este programa.

De acuerdo con cifras dadas a conocer por el Gobierno federal, entre 2016 y 2018 la pérdida por el robo de combustible es de 147 mil millones de pesos y que sólo en 2018 la cifra va en los 66.3 mil millones de pesos.
El último mes del año, diciembre, hubo picos de hasta mil 145 pipas por día. “Mil 145 pipas por día. Mil 145 pipas: Eso es huachicol, pero desde arriba. ¿Cómo se distribuyen más mil pipas diariamente? Eso es lo que quiero puntualizar. Hay la hipótesis de que, de todo el robo, sólo el 20 por ciento se da con la ordeña de ductos, que es una especie de pantalla; que la mayor parte tiene que ver con un plan que se opera con la complicidad de autoridades y con una red de distribución. Entonces son huachicoleros de abajo y huachicoleros de arriba”, Dijo López Obrador.

“Esto no lo podemos permitir. Tenemos que acabar con esta corrupción. Y yo convoco a los trabajadores de Pemex para que nos apoyen, nos ayuden a que se logre el propósito de cero corrupción. No podemos los mexicanos seguir pasando vergüenzas; ocupar el lugar 135 entre 176 países, el lugar 135 como país corrupto. El objetivo es acabar con la corrupción”, señaló el Presidente.

Lorenzo Meyer recordó que el proyecto a largo plazo del neoliberalismo fue deshacerse de Pemex y ahí, en ese plan, el sindicato dirigido por Romero Deschamps jugó un papel importante. “El sindicato está luchando ahora por los despojos y el robo de combustible se convirtió en una de las maneras de darle el golpe final a Pemex; el otro fue abrirlo a las empresas privadas”, dijo.

Ruiz Alarcón -asesor de la presidencia en asuntos petroleros- destacó por su parte que ahora se debe seguir la ruta del dinero. “Ese huachicol se vende de alguna manera, debe jugar un papel importante la Unidad de Inteligencia Financiera, los involucrados en cómo se distribuyen los volúmenes físicos, me parece que esa sería la segunda etapa”, expuso el especialista.

Romero Deschamps el intocable

Romero Deschamps pertenece al Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde 1961. Ha sido electo cuatro veces como líder de los petroleros. En abril de este año una centena de trabajadores petroleros sindicalizados se concentró en el Monumento a la Revolución, en la Ciudad de México, para exigir su desafuero, encarcelamiento y el regreso del dinero y propiedades del sindicato.

El abogado Jorge Alejandro Sosa, presidente de la Confederación Nacional para Salvaguardar los Derechos Humanos, explicó que la Procuraduría General de la República fue omisa en las investigaciones en contra de Romero Deschamps y sus 36 delegados seccionales. “Hay datos de prueba suficientes de la vida que han llevado y el saqueo que han hecho a las instalaciones de nuestro sindicato, desde tiendas de consumo, ranchos, fábricas y un sinnúmero de propiedades”, dijo Flores Contreras.

Carlos Romero Deschamps ha sido utilizado como ejemplo de la corrupción en México y ha sido Diputado y Senador gracias a que el PRI lo ha colocado en cinco ocasiones como plurinominal: tres veces ha sido Diputado (1979-1982, 1991-1994 y 2000-2003) y dos veces Senador (1994-2000 y 2012-2018).

Romero Deschamps tuvo un gran escándalo de corrupción en las elecciones de 2000 conocido como Pemexgate. Aunque el entonces Instituto Federal Electoral (IFE) lo documentó, nunca fue juzgado. El dinero desviado alcanzó los mil 500 millones de pesos para apoyar la campaña presidencial del candidato priista Francisco Labastida Ochoa.

Tomado de SinEmbargo, 29 de dic/2018. Editado por elborrachoibuena

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Luis Hernández Navarro:

RAFAEL MORENO VALLE Y LA ARQUITECTURA DEL PODER

La Estrella de Puebla es una enorme noria turística de 60 metros de altura y casi 70 de diámetro. Costó 400 millones de pesos, provenientes de fondos públicos. Está considerada como la rueda de observación portátil más grande del mundo. Tiene 54 góndolas en las que caben ocho pasajeros en cada una de ellas. Fue construida en la ciudad de Puebla e inaugurada en julio de 2013.

La compra e instalación de la monumental rueda fue justificada en nombre de la conmemoración del 5 de mayo y de una ambiciosa apuesta para atraer visitantes. El faraónico proyecto fue iniciativa del entonces gobernador de la entidad Rafael Moreno Valle. No fue la única obra de infraestructura majestuosa que emprendió durante su mandato. Miles de millones de pesos fueron gastados en construir un teleférico de 688 metros, el Museo Internacional del Barroco, una de las ciclovías más caras de México y rehabilitar el estadio Cuauhtémoc.

Este delirio de grandeza urbanística en un estado que registra grandes carencias (casi 4 millones de pobres en 2014), caminó de la mano de múltiples irregularidades. Se destruyó patrimonio histórico y cultural, se licitaron obras de manera directa a amigos, se inflaron y maquillaron los costos de las obras y se usaron fideicomisos privados para evitar su fiscalización.

Obsesionado con ser presidente de la República, el gobernador Moreno Valle quiso hacer de sus megaproyectos arquitectónicos su tarjeta de presentación en las grandes ligas de la política nacional. Espejo de su megalomanía, esas construcciones reflejaron no sólo el tamaño de sus ambiciones sino, también, de sus limitaciones. Verdaderos elefantes blancos, muchos de ellos, tan fastuosos como inútiles, sirvieron para demostrar la validez de la máxima que reza: donde hay obra, sobra.

Rafael Moreno Valle fue parte de una generación de jóvenes políticos (nació en 1968) para quienes los partidos son una especie de taxi que se toma para trasladarse de un trayecto a otro. Nieto del militar Rafael Moreno Valle, mandatario de Puebla durante la administración de Gustavo Díaz Ordaz, abrevó del más rancio conservadurismo caciquil priísta, que tiene su fuente en personajes como Maximino Ávila Camacho. Su abuelo (como lo haría el mismo), gobernó la entidad a sangre y fuego, masacrando en diversos episodios a cerca de 60 campesinos.

El joven Moreno Valle comenzó su carrera política en las filas del PRI. Fue asesor del secretario de Gobernación, secretario de Finanzas y Desarrollo Social en el gobierno de Melquiades Morales, diputado federal y local. Pero se topó con Mario Marín, el Góber Precioso, protector de pederastas. Entonces, con la ayuda de su hada madrina Elba Esther Gordillo, se sumó a las filas del PAN y fue electo, por primera ocasión, senador de su estado. En 2010, una coalición partidaria integrada por los albiazules, el PRD, Nueva Alianza y Convergencia lo llevó a la gubernatura.

Echó entonces a caminar su fiebre constructora, acompañada de una intensa campaña publicitaria a escala nacional en la que proyectaba una imagen claramente metrosexual y de desplantes autoritarios y despóticos. Trató de asfixiar a la prensa crítica, controló el Congreso local y repartió leña a los movimientos populares.

En octubre de 2016, el abogado Tonatiuh Sarabia, él mismo y su familia perseguidos políticos de Moreno Valle, explicaba con cifras la magnitud de la represión: existe una lista que hizo el Comité para la libertad de los presos políticos y contra la represión de Puebla, que está integrado por académicos y estudiantes de la universidad, en la que se contaron 256 personas presas y procesadas desde 2013. La cifra escalaría a 360.

Según el también abogado José Manuel Porras Rugerio esos números “no son una cosa aislada: es el método de gobierno del señor Moreno Valle. La prisión preventiva es el arma que ha utilizado para deshacerse de la inconformidad, para darle cauce a las obras que tiene que hacer. Así sucedió con el gasoducto integral Morelos. Se metió al bote a los campesinos que sólo defendían su tierra. Ya en la cárcel, siguieron sus procesos y resultaron sin ninguna responsabilidad. Cuando salieron, el gasoducto ya pasaba por sus tierras. Te fabrican los delitos. Y si tú intervienes en cualquier conflicto social, te acusan de que secuestraste a los policías, de que les robaste su celular y te meten al bote”.

Simultáneamente a la violación a los derechos humanos, la inseguridad creció en la entidad. El huachicol se disparó y convirtió a Puebla en el primer estado en robo de combustibles a escala nacional. En 2016 los feminicidios se incrementaron en 143 por ciento, y un año después siguió aumentando. Una ola de homicidios dolosos hizo que la entidad se tiñera de rojo.

El pasado 24 de diciembre, un percance en un helicóptero segó la vida de Rafael Moreno Valle, nuevamente senador y el más sólido prospecto del PAN para ser su candidato a la Presidencia en 2024, de su esposa, la gobernadora Martha Érika Alonso y de tres personas más. Su trágica muerte no borra su pasado ni el uso que le dio al poder. En lugar de enaltecer su imagen, las megaobras que dejó a su paso por la gubernatura de Puebla son testimonio del dispendio, amiguismo y banalidad con la que usó los dineros públicos.

Twitter: @lhan55

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GRANDES POLÍTICOS MEXICANOS DEL SIGLO VEINTE

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Tomado de SIN EMBARGO/Lunes 17 de Diciembre 2018

Epigmenio Ibarra

DE LA LLAMADA “COMENTOCRACIA” Y SUS AFANES

Les quitaron el bozal y la correa. Dejaron de darles línea. No saben qué hacer, no saben para qué sirve la libertad de expresión de la que ahora gozan, porque siempre han escrito y hablado ante el micrófono o la cámara por consigna, vendiéndose al mejor postor. Eran servidores del poder y se sentían parte de él. Entre los poderosos, a los que veían como iguales, se sentían a sus anchas. A su amparo hacían negocios, colocaban a sus parientes y socios, ganaban influencia, amasaban grandes fortunas; se volvían, más que líderes de opinión, estrellas; eran conductores carismáticos de masas que podían –si el monto era el correcto- elevar hasta las alturas a un político o defenestrarlo según conviniera a los intereses de su patrocinador en turno.

Sus grandes “éxitos” periodísticos se debían generalmente a filtraciones. Eran sólo servicios prestados al gobierno en turno o a los que aspiraban a sucederlo; golpes con dedicatoria para un adversario interno; encargos del concesionario para el que trabajaban, o provocaciones para vender más caros sus servicios. Nunca investigaban, sus fuentes estaban siempre en los pasillos del palacio o en los sótanos del poder. Sus grandes revelaciones eran resultado de los planes de la inteligencia política o militar.

Sin pisar jamás la calle pontificaban sobre los movimientos sociales, justificaban las masacres asumiendo como propia la verdad oficial en todos los casos. En un país de reporteros pobres que se juegan la vida a cada paso, estos columnistas y presentadores de medios electrónicos se disfrazaban a veces de intrépidos corresponsales de guerra y se prestaban a los montajes organizados por jefes policiacos y militares. Jamás corrieron riesgo alguno, jamás se atrevieron a incursionar en las zonas conflictivas del país y menos todavía se les vio participar en ninguna de las muchas marchas que se hicieron para denunciar el asesinato de una reportera o un reportero.

Sin salir de sus oficinas o de los estudios de radio y TV, sin jugarse el pellejo como aquellas y aquellos que intentan contar lo que realmente sucede en este país, su santa indignación ante los hechos de violencia era y sigue siendo solo una mascarada. Nunca les ha silbado un tiro cerca. No comprenden a las víctimas, su dolor, su indignación, su reclamo de verdad y justicia, y se dan el lujo de descalificar su lucha, de emprender incluso campañas de desprestigio en su contra. No han estado con ellas cuando hurgan la tierra en busca de sus seres queridos ni las han acompañado cuando se plantan frente al poder.

Hoy ven su bolsillo y sus pretensiones afectadas. Ya no rondan el palacio ni los buscan, zalameros, los gobernantes. No son ya como ellos, no comen en los mismos restaurantes, no viajan en el mismo avión privado o en la misma clase. Tampoco reciben la llamada de amenaza o la oferta para que contengan sus críticas. Han dejado de vender sus entrevistas, sus reportajes a modo. No son ya el oído atento, la pluma servil, el espejo para el gobernante en turno. Ya no cobran al Gobierno de la República, ni por hablar ni por callar. Están desesperados. Están rabiosos.

Durante los últimos 12 años se deshicieron en elogios para tres de los presidentes más infames de la historia reciente de México. Callaron ante la traición y la corrupción de Vicente Fox Quezada; se sumaron gozosos a la exaltación de la pareja presidencial. Justificaron el robo de la Presidencia perpetrado por Felipe Calderón y, presentándolo como el gran pacificador, hicieron suya la sangrienta e inútil cruzada desatada por el michoacano para hacerse de una legitimidad de la que de origen carecía. A Enrique Peña Nieto, al fin y al cabo un producto mediático, lo cubrieron de alabanzas por sus reformas y cerraron los ojos y la boca ante la escandalosa corrupción de su gobierno y las masacres y desapariciones masivas ocurridas en su sexenio.

En tres elecciones jugaron a ser juez y parte; sin ningún recato, fueron el instrumento de la guerra sucia contra Andrés Manuel López Obrador. Una guerra que costó mucha sangre al pueblo de México y gracias a la cual se embolsaron centenares de millones de pesos. Estos periodistas y presentadores sembraron el odio, fomentaron el miedo, polarizaron irresponsablemente a la sociedad. Llamaron “mesías tropical”, y con mil epítetos más, al hoy Presidente de México; calificaron de “fanáticos” a los que lo seguimos, “ignorantes” a los que lo llevaron con su voto a Palacio Nacional. Sirvieron –y lo siguen haciendo- como caja de resonancia de las mentiras y calumnias tejidas para destruirlo; promovieron y promueven el desprecio en su contra.

Los integrantes de la hoy llamada comentocracia, de esa elite periodística que ha servido al poder las últimas dos décadas y que ha mantenido el monopolio de las grandes audiencias controlando los espacios más importantes en canales de TV, estaciones de radio, diarios y revistas, son corresponsables –por acción u omisión- del fraude electoral del 2006 y de la compra de la presidencia en el 2012 y, por tanto, cómplices de un crimen de lesa democracia.

Son también corresponsables del crecimiento exponencial de la violencia pues avalaron con sus alabanzas la guerra de Felipe Calderón y luego guardaron ominoso silencio ante la continuación y profundización de la misma con Enrique Peña Nieto. Al inicio de su gobierno pactaron con él para callar ante el escalamiento de la violencia, para presentarlo como el gran reformador. Luego, para exonerarlo de cualquier responsabilidad en Ayotzinapa, compraron, divulgaron y justificaron su verdad histórica.

Miles de millones de pesos pasaron del erario a las arcas de los medios y a los bolsillos de los miembros de la comentocracia. Al obsceno, innecesario, criminal gasto en la imagen de Fox, Calderón y Peña se sumaron centenares de millones de pesos gastados por otros funcionarios de manera subrepticia. Del saqueo de la nación, de la corrupción y la impunidad, son también corresponsables quienes cobraron por su voz y su silencio y se enriquecieron contando verdades a medias, deformando la realidad.

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David Brooks

MEXICAN CURIOS: ANGELITOS

“Ya se murió el angelito/ Y no quisiera llorar…”

Jakelin tenía siete años cuando murió, mientras ella, su padre y decenas de otros migrantes estaban bajo la custodia de las autoridades de protección fronteriza. Nos enteramos hasta el pasado jueves –porque unos periodistas del Washington Post preguntaron– aunque murió casi una semana antes y nadie dijo nada. Aún no se saben exactamente las causas; el informe preliminar era que se deshidrató y no había comido en días, algo que ahora disputa su familia. Pero el hecho es que murió en manos del régimen de Trump.

Las autoridades se lavaron las manos y le echaron la culpa a su familia y a todos los migrantes. La secretaria de Seguridad Interna, Kirstjen Nielsen, declaró: este es sólo un ejemplo muy triste de los peligros de este viaje. La familia optó por ingresar ilegalmente.

Mientras tanto, aproximadamente 14 mil 700 menores de edad que migraron no acompañados a este país siguen detenidos en la red de más de 100 albergues administrados por el gobierno estadunidense. Entre ellos, permanecen por lo menos 100 (y tal vez el doble) de los miles que fueron separados de su padres y enjaulados a lo largo de más de un año por órdenes de Trump. Es un campo de niños prisioneros, denunció el senador Jeff Merkley este fin de semana al intentar visitar un centro de detención provisional en Tornillo, Texas.

A finales de noviembre, cerca de Tijuana, niños –algunos en pañales– se estaban asfixiando con el gas lacrimógeno que lanzaron agentes fronterizos estadunidenses al lado mexicano.

Al otro lado del mundo, en Yemen, se estima que han muerto de hambre más de 85 mil niños menores de cinco años de edad en el peor desastre humanitario en el mundo hoy día; eso, sin contar a los más de mil 200 de niños que han muerto por bombas Made in USA y balas de una guerra encabezada por Arabia Saudita con el apoyo de Washington.

A la vez, al otro lado del Atlántico, otra menor de edad, la sueca Greta Thunberg, de 15 años, tomó el micrófono ante los representantes de casi 200 países en la conferencia mundial sobre cambio climático en Polonia –incluyendo los de Estados Unidos que oficialmente ha rechazado el consenso científico sobre el cambio climático y promueve mayor producción de hidrocarburos– y declaró:ustedes dicen que aman a sus hijos más que todo, y aun así les están robando su futuro ante sus propios ojos por no hacer lo necesario para frenar el cambio climático. Nos han ignorado en el pasado, nos ignorarán otra vez, pronosticó. Y concluyó que los representantes del mundo reunidos ahí sólo repiten las mismas ideas malas que nos llevaron a este desastre, y los acusó: ustedes no son suficientemente maduros como para decir las cosas tal como son.

¿Quién tiene la culpa, quiénes son los responsables por Jakelin, por tolerar ver a niños en jaulas, por los niños sin nombre de Yemen, por los niños que todos los días reciben noticias de que tal vez se aproxima el fin del mundo por la falta de respuesta de los adultos a la crisis ecológica tan documentada?

Un gran músico sirio, el clarinetista Kinan Azmeh, quien trabaja con Yo Yo Ma en su proyecto de la Ruta de la Seda, comentó en el bellísimo documentalMúsica para extranjeros que por momentos le parece absurdo hacer música, ya que eso no puede frenar las balas y las bombas que han destruido a su país, ni resuelve el problema de los refugiados. Igual, algunos periodistas a quienes nos toca reportar sobre todo esto, o escribir una columna como ésta, nos preguntamos lo mismo, ¿para qué?, ya que las palabras, las fotos y los análisis no logran salvar a una niña guatemalteca, a sus compañeros en jaulas en lugar de aulas, a los que soñaban ser doctores o poetas muertos por una bomba en Yemen, o casi todos los niños a quienes les hemos anunciado que tal vez serán los testigos del fin del mundo.

Pero tampoco es opción el silencio.

“Ya se nos fue este angelito/ ¿Quizá cuántos más se irán?… Ya se murió el angelito/ Y no quisiera llorar…” (El angelito, versión de Óscar Chávez).

Tomado de LA JORNADA

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Quizá pronto, pero no mucho:

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La ALBA al contragolpe

 Ángel Guerra Cabrera

Fortalecer la unidad en la diversidad de los pueblos de nuestra América, de sus fuerzas de izquierda y progresistas y sus movimientos sociales frente a la arremetida imperial, fue consenso central de la 16 Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), La Habana, Cuba, 14 de diciembre. Los países miembros subrayaron la necesidad de proyectar un desarrollo económico más compartido, pues ningún país puede desarrollarse por sí solo, sino dentro de una comunidad de naciones sustentada en la solidaridad y la complementación. Hoy esa comunidad es la ALBA, pero el ideal es que mañana sean todos los pueblos y estados al sur del río Bravo, por lo que batallaron Bolívar y Martí, Fidel y Chávez. La reunión dio gran relevancia a la solidaridad con Venezuela, cuyo presidente, Nicolás Maduro, pronunció las palabras finales, luego de que el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, leyó la Declaración Final.

Al cumplir 14 años de su fundación, la ALBA-TCP ha hecho historia como instrumento de concertación política, de acciones económicas conjuntas y, principalmente, como articulador de programas sociales no únicamente limitados a sus integrantes, sino extendidos a otros muchos países de América Latina y el Caribe. Su trayectoria solidaria no tiene paralelo con la de ninguna otra agrupación internacional.

En su intervención el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, recordó, entre otros logros de la ALBA, los más de 2 millones 800 mil latinoamericanos y caribeños que recuperaron la visión mediante la Operación Milagro, la erradicación del analfabetismo en Venezuela, Bolivia y Nicaragua, los más de 12 mil médicos de países de la ALBA formados en Cuba y Venezuela, las más de 30 millones de consultas médicas brindadas y las 4 millones 163 mil 167 personas alfabetizadas en la región mediante el método cubano Yo sí puedo. La ALBA, añadió, es un paradigma de solidaridad, cooperación y concertación, esos valores son su principal fortaleza.

El mandatario cubano denunció que los enemigos de la independencia latinoamericana intentan impedir que se mantengan en el poder los gobiernos progresistas, para lo que usan la injerencia, la subversión, las agresiones económicas y la amenaza del uso de la fuerza. Subrayó que defender la vigencia de la Proclama de América Latina y el Caribe Como Zona de Paz adoptada en la cumbre de la Celac en La Habana es esencial para defender la estabilidad de la región. Calificó de imperativo la defensa de la ética y la justicia y el rechazo a la judicialización de la política, con la cual se intenta condenar a fuerzas progresistas en países como Brasil.

En la reunión se apreció el talento político de los líderes de los pequeños estados insulares del Caribe oriental. Ralph Gonsalves, primer ministro de San Vicente y las Granadinas, consideró que ha sido precisamente la posición de la ALBA-TCP la que ha impedido hasta hoy una intervención militar contra Venezuela por parte de EU, posición que se mantiene ahora, cuando el presidente Donald Trump ha dicho que ninguna opción está descartada.

En su turno, Maduro evocó la primera visita de Chávez a Cuba, hace justamente 24 años. Vino con visión bolivariana y martiana y lleno de sueños; tuvo la gran sorpresa de que en la escalerilla del avión lo esperaba un gigante, Fidel Castro Ruz, y se dieron un abrazo, primer paso para esta grandiosa historia de la ALBA, la Celac y Petrocaribe. Recordó la arrolladora victoria electoral del comandante cuatro años después, que lo catapultó a la presidencia y la derrota del golpe de Estado de 2002, que abrió el camino a la fundación de la ALBA por Chávez y Fidel en 2004, mientras en Miami era lanzado el colonial ALCA para engullir a la región. Argumentó que a partir de entonces se hicieron posibles las grandes misiones sociales educativas y de salud en Venezuela, de las que han participado decenas de miles de colaboradores cubanos. El líder venezolano puso la criptomoneda petro a disposición de la organización y llamó al relanzamiento de las misiones, incluyendo la regional Misión Milagro, ya en parte incluido en el instrumento de cooperación bilateral entre Cuba y Venezuela firmado ese mismo día. Habló de la importancia de crear un pensamiento económico propio y retomar el Consejo Económico de la ALBA, el que se propone lo dirija Bolivia, con el mayor crecimiento económico de AL y el Caribe en la última década. Al referirse a la necesidad de crear una zona económica común de los países de la ALBA para ir a un desarrollo compartido y unificado, Maduro exhortó a unirse para ello como lo hacemos en educación, cultura, recreación, lucha contra el cambio climático y contra el bloqueo a Cuba en la ONU o la solidaridad con Venezuela en la OEA.

Preparémonos para nuevas batallas, preparémonos para renovar la esperanza, preparémonos para la victoria, concluyó Maduro.

Tomado de LA JORNADA

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Llamamiento de Hélène Brion contra la guerra en julio de 1914

“A las feministas, a las mujeres”

Hélène Brion

[Este artículo fue publicado en La Bataille syndicaliste, diario oficioso de la CGT, el 30 de julio de 1914. Hélène Brion fue una enseñante sindicalista, feminista y socialista. Y durante la guerra, militante pacifista “zimmerwaldiana” (reclamándose de la Conferencia Internacional de Zimmerwald) y participó en el Comité por la Recuperación de las Relaciones Internacionales 1/.

“¡En el período agitado que atravesamos, quien se considere neutro es tonto y quien se esconde, criminal!” Hoy en día podríamos reescribir estas palabas de André Léo dirigidas a las mujeres de la Comuna. ¡”Que cada una reflexione sobre ellas mientras quede tiempo! La guerra está ahí. Puede ser que en pocos días una terrible crisis conmocione Europa. Tendremos que revivir los horrores que habéis leído sobre la guerra ruso-japonesa, sobre la guerra en los Balcanes, la horrible pesadilla de 1870. Entonces, ¿Qué haréis vosotras que en estos momentos, por pereza, os negáis a creer en la guerra?”

Decís: “¡Todo se arreglará! ¡Es demasiado absurdo matarse por esas bobadas! ¡A fin de cuentas, nadie quiere combatir!” En efecto, es lo trágico del asunto: nadie quiere creer en ello por lo terrible que resulta; y gracias a esta indiferencia general y a las malas intenciones solapadas de nuestros dirigentes, el conflicto que nadie desea puede estallar mañana.

¿Os planteáis que ocurrirá entonces? ¿Cómo será vuestra vida de mujeres cuyos hijos, hermanos y maridos marcharán bajo la bandera? ¿No pensáis que mientras estemos a tiempo es mejor un gran movimiento de revuelta que sufrir las angustiosas horas que os desgarrarán después, renunciando a protestar por temor a causar daño a vuestros seres queridos, esclavas y calladas como lo habéis estado siempre? ¿No estáis cansadas de los sufrimientos seculares que os imponen esos grandes niños locos que son los hombres? ¿No erais vosotras las que les separaban cuándo eran más pequeños y consumían su energía a bofetadas entre ellos? Entonces les explicabais lo feo que era pelearse y que sus mejores puñetazos eran insensatos. ¿Por qué en estos momentos no os interponéis entre ellos?

Y vosotras feministas, vosotras que tenéis la experiencia de actuar en grupo, que lucháis desde hace mucho tiempo y estabais a punto de lograr vuestras esperanzas, ¿no comprendéis el enorme retroceso que impondrá una guerra a la forma de pensar? ¿Por qué no intentar evitarlo interponiéndoos ante el desastre antes de que nos arrase?

Fuimos 20.000 en la calle a favor de Condorceta 2/. Fuimos más de 500.000 las que reclamamos el derecho al voto por escrito. Es preciso que seamos millones para gritar nuestro odio a la guerra y nuestra firme voluntad de hacer todo lo que esté en nuestras manos para impedirla.

Sí, todo, lo vuelvo a decir. De entrada con buenas palabras y tratando de persuadir. ¿Quién osaría culparnos y castigarnos por hacerlo? ¿No nos corresponde a nosotras hacerlo y no constituye el más sagrado de los derechos que se nos haya reconocido jamás? Así pues, protestemos contra el crimen que se prepara a cada momento y en todos los lugares: en casa, en el taller, en las oficinas, durante todo el día. Lo podemos hacer, lo debemos hacer; es el primero y más imperioso de nuestros deberes.

Cumplámoslo sin remilgos y hasta el final.

1/ Organización pacifista impulsada por Fernand Loriot –enseñante y militante de la CGT- partidario del manifiesto de Zimmerwald y opuesto a la participación de la SFIO en la Unión Sagrada.

2/ Referencia a la manifestación del 5 de julio e 1914 reivindicando el derecho al voto de las mujeres. Condorcet, fue uno de los grandes militantes a favor de la igualdad de las mujeres.

(Tomado de Viento Sur por elborrachoibuena)

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Ambigüedades del 68 francés

Rafael Poch (16-mayo-2018)

Una tarde de invierno de 1972, el sociólogo Jean-Pierre Garnier recibió una llamada del Elíseo. El presidente Georges Pompidou le invitaba a comer para charlar, algo bien extraño teniendo en cuenta que Garnier era un marxista y Pompidou, como Macron, un liberal exejecutivo de la Banca Rothschild. La cita fue en un restaurante de la rive gauche. En un reservado del segundo piso, con la escolta presidencial tomando el piso de abajo. Pompidou quería escuchar la tesis de Garnier sobre el mayo del 68.

Garnier era discípulo del filósofo marxista Michel Clouscard (1918-2009), un crítico acérrimo de Louis Althusser muy hostil al estructuralismo. Para Clouscard, el 68 había sido una contrarrevolución liberal-libertaria encaminada a ocultar la lucha de clases detrás de las cuestiones de género e identidad. Un movimiento que expresaba el ascenso de un nuevo estrato “ilustrado” que, en coalición con la moderna burguesía tecnocrática representada por Pompidou acabaría desplazando del poder a la coalición difusa de resistentes burgueses-conservadores y comunistas que gobernó bajo De Gaulle los “treinta gloriosos” y que había dado lugar al programa del Consejo Nacional de la Resistencia de marzo de 1944, un programa que hoy sería tachado de “izquierda radical”.

Según Clouscard había sido la alianza de aquellas dos Francias la que había dado lugar a la excepción francesa. El 68 la destronaría en beneficio de un nuevo orden de capas medias con desarrollo del sector servicios, de la capa ilustrada y eclosión de la sociedad de consumo. Todo había empezado con el Plan Marshall, decía Clouscard, con la entrada de la ideología made in USA por la vía del consumo, el entretenimiento, la música y el cine, destinado a diluir en la posguerra el poder de los partidos comunistas en países como Francia e Italia, con apoyos del 20% y el 30%, respectivamente. Países con comunistas armados tras su papel en la resistencia y conviviendo con burguesías debilitadas y desprestigiadas por su colaboracionismo.

Música binaria de repetición (rock) matando al jazz, la música popular más sabia; la música pop, que es lo mismo en todos lados, como lo contrario de la música popular; la cultura de masas como lo opuesto a la cultura popular, fabricada desde arriba para el consumo de las clases populares con miras a apuntalar el conformismo, una sociedad permisiva hacia el consumidor y represiva hacia el productor en la que todo está permitido pero nada es posible.

En el 68, Pompidou era primer ministro de De Gaulle. Le explicó a Garnier que el general quería apelar al ejército para desalojar la Sorbonne. Con ese objeto, el 30 de mayo De Gaulle había tan-teado al General Jacques Massu, comandante en jefe de las tropas franceses en Alemania en una visita relámpago que le hizo a su cuartel general en Baden-Baden. Pompidou se oponía a toda in-tervención del ejército. En la comida con Garnier de 1972 el entonces ya presidente escuchó con atención la tesis de Garnier de que reemplazar la lucha de clases por “el combate de los hombres contra las mujeres, los negros contra los blancos, los jóvenes contra los viejos, los hutus contra los tutsi y los corsos contra los franceses” era algo mucho más conveniente para el capital.

“La nueva capa ilustrada quedaba fuera del poder y en mayo de 1968 reclamaba su lugar. Los más excitados crean partidos de extrema izquierda, grupúsculos trotskistas, maoístas, anarquistas y se meten con el gobierno y la V República, los más radicales hasta con el propio capitalismo”, explicaba Garnier. “Cuando les hablé de la irresistible ascensión de la pequeña burguesía intelectual, me dijeron ‘es el mismo análisis que hicimos nosotros cuando había que decidir si teníamos que desalojar la Sorbonne por el ejército’”. Pompidou y sus fontaneros tecnócratas explicaron a De Gaulle que aquello no sería una solución realista, que todos aquellos excitados que enarbolaban banderas rojas, hoces y martillos y retratos del Che eran “la futura élite de nuestro país y que no debía dispararse sobre nuestra futura élite….”

Contemplando nuestro actual panorama definitivamente americanizado, en el que todo parece reducirse a género e identidad, con lo social y lo económico tan eclipsado pese a los retrocesos en curso y el avance en explotación, ese balance da que pensar.

Tiene razón Josep Fontana cuando observa que “todos los movimientos iniciados en aquel año acabaron en el fracaso: el intento de establecer un socialismo de rostro humano en Praga, los movimientos estudiantiles en Alemania, Italia, Francia y Polonia, las protestas contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos…”. De todos ellos, el más trágico fracaso –porque era el más consistente– me parece el de Praga. Si el bloque del Este (socialismo + dictadura) hubiera disminuido su segundo componente logrando hacerse más atractivo, habría creado serios problemas a su síntesis adversaria en Europa (capitalismo + democracia). Al lado de las simplezas sobre la playa bajo los adoquines, aquello habría sido algo más que poesía.

Respecto al peligro de que las ideas liberadoras de los estudiantes prendieran en movimientos sociales de masas, rápidamente se encontraron maneras de conjurarlas. Una de ellas fue la violencia. El asesinato de sus líderes, Martin Luther King y Robert Kennedy en Estados Unidos, el atentado que eliminó a Rudi Dutschke en Alemania, así como la aparición de toda una serie de sospechosos “grupos armados” fuertemente infiltrados, si no propiciados desde el principio por la policía (la tesis sugerida por Boby Baumann, fundador del menos demencial de ellos, el Movimiento 2 de junio), particularmente en Alemania (Fración del Ejército Rojo) e Italia (Brigadas Rojas).

En todos esos países el sistema se comió el 68 juvenil (nunca en el mundo la mayoría de la población había sido tan joven) mientras la sociedad de consumo se frotaba las manos ante la aparición de la juventud como grupo social independiente, lo que hizo el agosto en ramas enteras de la industria; discografía, higiene, moda, cosmética… Como explica Hobsbawm, el resultado general de toda aquella “revolución cultural” fue el triunfo de lo individual sobre lo social.

Al mismo tiempo, por más que en la conmemoración del 68 el establishment mediático francés haya puesto por delante toda la ambigüedad de aquella “revolución de las costumbres”, no hay que olvidar lo que se ha querido ocultar con ello: la mayor huelga general de la historia de Francia, que paralizó el país y obligó al gobierno y al empresariado a negociar con el resultado de un incremento del 30% del salario mínimo, un aumento salarial general del 10%, acuerdo interprofesional sobre la seguridad en el empleo, sobre formación profesional, cuatro semanas de vacaciones pagadas, subvenciones de maternidad, límites a la duración máxima del trabajo, prejubilaciones con el 70% del salario, derecho de los emigrantes a participar en las elecciones profesionales, prohibición del trabajo clandestino, refuerzo del subsidio de paro, derecho a la actividad sindical en la empresa…. Mucho de todo eso está siendo destruido ahora por Macron.

Como ha explicado Thomas Guénolé, insistiendo en la “revolución de las costumbres” se oculta la lección básica de todo aquello: si mañana nuestras élites dejan de trabajar, no pasa nada, se puede cambiar de élite. En cambio, si la mayoría social, si el pueblo, deja de trabajar y se pone en huelga, una huelga masiva y general, las élites no pueden cambiar de pueblo, así que tienen que negociar y aceptar lo que se les exige.

Fuente: Rafael Poch de Feliu Blog personal /

https://rafaelpoch.com/

Subrayados, elborrachoibuena

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PalestinHAY MÁS DE 300 NIÑOS PALESTINOS PRESOS EN CÁRCELES DE ISRAEL

                       Su pelo largo, frondoso y rizado y su kufiya (pañuelo palestino) alrededor del cuello son ya inseparables de su figura, menuda pero poderosa. En cuanto traspasa la puerta del Ayuntamiento de Madrid, un enjambre de gente —activistas, curiosos, políticos— rodea a Ahed Tamimi para saludarla, darle su apoyo y, sobre todo, hacerse fotos con ella. “Todos tenemos en mente la bofetada que Ahed propinó a un soldado israelí en diciembre. La hemos visto echar los dientes peleando contra la ocupación. Es una mujer en el cuerpo de una niña, es una heroína, es un símbolo, es nuestra Ahed”. Grandes aplausos.

                       La joven celebró su 17 cumpleaños en una prisión israelí, encarcelada durante meses por una bofetada que ha dado la vuelta al mundo. El eco de aquella ola la ha convertido en un auténtico símbolo de resistencia del castigado pueblo palestino. Lo que ante los soldados era un gesto desafiante y altivo, en los actos públicos se convierte en una sonrisa tímida. Ante el periodista, baja la mirada y habla con voz suave: “Es una gran responsabilidad hablar en el nombre de un pueblo que está bajo ocupación, y también bastante temor porque eres un objetivo de Israel, te pueden volver a encarcelar, perseguir e incluso asesinar. Pero pese a ello no podemos volver atrás en el camino que estamos siguiendo”.

                       Se sienta junto a su familia, sus padres —“han sido mi fuerza, han formado mi personalidad, me enseñan, me ayudan, me apoyan y me han transmitido esa valentía”, dice la joven— y dos de sus hermanos, ya que el tercero se encuentra en prisión. Mira hacia su móvil y abre el Facebook, responde a unos mensajes a través de esta red social. Ahora se relaja y sonríe. El pelo le tapa la cara mientras charla con sus amigos.

                       En una parada, se detiene a hablar sobre su visita a España. “He descubierto cuánto apoyo, cariño y solidaridad hemos recibido los palestinos durante este viaje, y eso nos levanta el ánimo”, dice. Tamimi no se olvida de la situación de los niños y adolescentes en la Palestina ocupada: “Los niños no pueden ir diariamente a los colegios porque hay miles de puntos de control, siempre hay riesgo de que los cojan presos, o los maten en el camino”, explica. “Los niños en Palestina no tenemos ilusiones y sueños normales, como otros niños del mundo, siempre tenemos impedimentos para viajar o para cumplir nuestros sueños”, se queja.

                       La pregunta surge obligada. ¿Dejaría a su propia hija hacer lo que ella hizo, abofetear a un soldado? “Por supuesto que la dejaría hacer lo que hice yo, pero espero que la siguiente generación a la mía no tenga que vivir bajo ocupación, y estoy seguro de que nuestra generación va a acabar con la ocupación”. Y concluye: “Tengo esperanza en que el futuro va a ser mejor”.

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Palestina y la conciencia del mundo

El Consejo Central de la Organización para la Liberación de Palestina acordó ayer retirar su reconocimiento al Estado de Israel, otorgado en el contexto del proceso de paz de Oslo de 1993, ante el persistente bloqueo de Tel Aviv a cualquier perspectiva de construcción de un Estado palestino en la franja de Gaza y los territorios ocupados de Cisjordania y la Jerusalén oriental, así como la continuación de las agresiones militares, policiales, económicas y judiciales israelíes contra la población palestina, tanto en los territorios ocupados como en el propio Israel.

Asimismo, la autoridad palestina encontró inadmisible que el régimen de Tel Aviv haya proseguido todos estos años con su estrategia de crear asentamientos judíos en los territorios árabes ocupados, lo que en la práctica equivale a un intento de aniquilación demográfica de los palestinos. Hace dos semanas, por ejemplo, la autoridad ocupante aprobó la creación de un nuevo barrio judío en la ciudad palestina de Hebrón, al tiempo que ordenaba la demolición de la aldea árabe de Jan al Ahmar, en la misma Cisjordania.

Cabe recordar que los acuerdos firmados en 1993 con el auspicio del entonces presidente estadunidense Bill Clinton establecían un término de cinco años para la creación del Estado palestino en los territorios ocupados por el ejército israelí en la Guerra de los Seis días (1967), y dejaba para una negociación posterior el estatuto definitivo de Jerusalén (Al Qods, en árabe), ciudad a la que ambas naciones reclaman como su capital.

Sin embargo, 20 años después del vencimiento de ese plazo, la solución de los dos Estados parece más lejana que nunca, debido al emplazamiento de asentamientos judíos en los territorios ocupados, el asesinato de miles de palestinos a manos de las fuerzas armadas ocupantes y el inhumano bloqueo de Gaza.

Un factor adicional que permite entender la exasperación palestina, es la reciente decisión del presidente estadunidense, Donald Trump, de trasladar la embajada de su país de Tel Aviv a Jerusalén, lo que constituye un reconocimiento a la pretensión israelí de considerar a la segunda de esas ciudades como su capital única e indivisible, a contrapelo de diversas resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas. El magnate republicano fue más allá: eliminó los fondos de ayuda destinada a hospitales de Al Qods y a la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en Medio Oriente. Asimismo, uno de los pretextos esgrimidos por Washington para retirarse del protocolo de la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas fue que por medio de ese instrumento los palestinos podrían demandar a Estados Unidos ante la Corte Internacional de Justicia, en La Haya, por las violaciones a la legalidad internacional que ha cometido en su respaldo incondicional al régimen de Tel Aviv.

Lo cierto es que la llegada de Trump a la Casa Blanca mató las últimas esperanzas de que la superpotencia vecina conservara alguna disposición a actuar como parte mediadora en el añejo conflicto palestino-israelí y que tuviera una mínima voluntad de dar seguimiento a los acuerdos de Oslo. En tal circunstancia, deja de tener sentido que la autoridad palestina reconozca a un Estado que en lugar de aportar a la paz, en estas dos décadas no ha hecho más que avanzar en la reducción de la población palestina a un conjunto de presos en su propio territorio.

Cabe preguntarse, por último, hasta cuándo la comunidad internacional seguirá asistiendo impávida a esta barbarie que niega los avances de más de un siglo en materia de derechos humanos, colectivos y nacionales.

­­­Editorial del periódico LA JORNADA

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LAIZQUIERDAQUENO

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El lenguaMarcos Roitman Rosenmann/ La Jornada/ lunes 29 de octubre de 2019

Las nuevas generaciones y las no tanto han decidido que el lenguaje políticamente correcto es democrático. Se cree, falsamente, que el respeto a la diferencia consiste en censurar palabras acusadas de sexistas, xenófobas, racistas. Maricón, puta, indio, negro, cabrón, marimacho,entre otras, son llevadas al cadalso. En España, la exclamación popular ¡me cago en Dios! es perseguida sin piedad. No es la única, unir santos y cojones, Cristo y clavos, vírgenes y putas, para colectivos católicos constituye una blasfemia. La justicia del siglo XXI redita los tribunales de la Inquisición. Jueces le dan la razón, sólo queda rescatar tormentos como verter plomo ardiendo en la garganta, reinventar el potro o la doncella de hierro. A esta cruzada contra el lenguaje se unen colectivos cuya labor se centra en borrar del diccionario términos que, a su juicio, causan discriminación lingüística. Ejemplo: el debate para sustituir mariconez de una canción del extinto grupo Mecano. La concursante televisiva, irrelevante por su voz, salta a la fama, negándose a pronunciarla; la tilda de insulto para gays, transexuales, homosexuales y lesbianas. El público del plató aplaude e insulta a la ex vocalista de Mecano, Ana Torroja, por no aceptar su cambio a gilipollez o estupidez. Algo similar ocurre, desde hace tiempo, con diálogos en operas, zarzuelas, cuentos, incluso fabulas. No diga negro, decántese por afroamericano. Elimine homosexual y aplique el correcto, gay; mejor invidente que ciego.

En una sociedad capitalista, patriarcal, racista, xenófoba, el lenguaje es un campo de batalla, pero hay que diferenciar el origen semántico de las palabras de su instrumentalización ideológica. El uso del lenguaje y su trasformación deben acompañarse de una trasformación del contexto. Expresiones como ¡me cago en Dios!, ¡me cago en mi puta madre!, eres maricón, que le den… representan un uso legítimo del lenguaje. María Moliner, filóloga y bibliotecaria, dedicó parte de su vida a escribir el Diccionario de uso del español, y Julio Casares hizo lo propio con la edición del Diccionario ideológico de la lengua española. Una y otro en las antípodas políticas no renunciaron a entender el lenguaje como realidad plástica donde las palabras pueden tener diferentes significados según contextos. Si censuramos las palabras bajo la acusación de producir discriminación sexual, racial, cultural o de genero haremos del lenguaje algo romo, muerto, sin capacidad de diferenciar lo masculino, femenino de lo neutro.

Atacar el lenguaje con pretexto de hacerlo inclusivo, eliminar discriminaciones sexistas o raciales, se aproxima más un sistema totalitario que a una sociedad democrática. Las diferencias y matices posibilitan entender la distancia que separa el género, de la clase, de la especie. No es bueno para la libertad de expresión y del lenguaje poner cortapisas o censurar su uso popular y no me refiero a tradiciones. Si prosperan los neoinquisidores, defensores de lo políticamente correcto asentado en lo inclusivo, la diferencia se elimina y el lenguaje muere.

Chile, el país neoliberal por excelencia de América Latina, racista hasta la médula, cuyas prácticas machistas y la homofobia conllevan palizas a homosexuales con resultado de asesinato, se comporta como el adalid del lenguaje inclusivo. ¿Casualidad? No: es la manera de invisibilizar la explotación. Sin un sistema educativo democrático es inviable el nacimiento de un lenguaje democrático. La desigualdad inherente a la economía de mercado reproduce sus valores y no tiene problemas en inventarse un lenguaje inclusivo para el mercado. Mientras no se cambien las estructuras, la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, creerá enriquecer el lenguaje al referirse a los chiquillos o chiquillas, como chiquilles o amigues, sustituyendo el masculino y femenino: amigas o amigos. La e no soluciona el problema. Imaginemos la frase: los libros de primaria son sexistas, bajo el universo del lenguaje inclusivo quedaría: les libres de primaries son sexistes. ¿Una jirafa, será jirafe macho o hembra? No diga todos ni todas, mejor, todes. Vaques por vacas, tores por toros, niñes por niñas y niños, etcétera. Más que una aportación al lenguaje, es una carnicería. Forma y contenido guardan relación. Independizarlos es trasformar el lenguaje en un cascarón vacío. Igual ocurrió con el ataque neoliberal a la democracia social, económica, étnica o de género, hasta dejarla en un continente sin contenido.

Prefiero expresiones como maricón, ¡me cago en Dios!, ¡que te jodan! u otras, recogidas por grandes literatos en sus obras, que ser defensor del lenguaje políticamente inclusivo dejando intactas las estructuras de poder real. Lamentablemente esta moda se extiende a las artes plásticas, pintura y escultura. Obras de Rubens, Picasso, Courbet, Iannone, Modigliani o Balthus, son trasformados por mentes calenturientas en pecado, actos impuros o eliminados de las redes por los servidores como Facebook. El erotismo, el sexo, la naturaleza, acaban siendo víctimas del lenguaje hasta eliminarlo completamente. Sólo queda reditar la quema de libros y quitar de los museos todo aquello que alguien diga es contrario a la moral de lo políticamente inclusivo.

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UN CL¡SICO PANISTATomado de LA JORNADA

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Aznavour
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